Estar bella a los 50

El wellaging, el saber envejecer bien, se ha convertido en una tendencia que, cada día, tiene más partidarios entre personas de ambos sexos. No obstante, es la mujer quien sigue teniendo más interés por los temas relativos a su apariencia y la cincuentena no es una excepción.

 

Nos situamos en una edad en la que ellas atraviesan un proceso de cambio hormonal, que no sólo se manifiesta en la pérdida de capacidad reproductivo y en síntomas conocidos como los sofocos o los cambios de humor.

 

La menopausia va más allá, es un gran cambio orgánico y psicológico para la mujer, que, además, ve cambiar su apariencia física rápidamente.  La pérdida de colágeno y elastina que se vienen sucediendo desde los primeros 40 se acelera en los 50 y la flacidez va tomando protagonismo junto a la pérdida de masa muscular. Sucede en el cuerpo, y también en el rostro, y es este último aspecto en el que queremos detenernos para aconsejaros sobre tratamientos y cirugías.

 

Los 50 años se manifiestan en la cara con la pérdida del óvalo facial más que con las arrugas en la mayoría de los casos. Se descuelgan los tejidos y, por supuesto, la piel pierde textura, brillo y elasticidad.

Cuando estas consecuencias del envejecimiento son pronunciadas recomendamos el lifting cérvico facial, y añadimos “cérvico” porque el cuello es una parte fundamental del aspecto, en la medida en que se marcan mucho en él las arrugas y la caída.

 

El lifting cérvico facial no tiene nada que ver con los tratamientos de bótox (para paralizar las arrugas) ni de ácido hialurónico. Es una operación, como os venimos contando en nuestras redes sociales, que recoloca los tejidos a nivel profundo. Si os fijáis bien decimos recolocar y no estirar, ya que este término se viene usando negativamente para referirse a intervenciones en las que el resultado es poco natural.

 
Naturalidad es la palabra y es el objetivo de la cirugía estética, máxime si hablamos del rostro, nuestra carta de presentación. Los rellenos dérmicos son también una buena herramienta para rejuvenecer, pero, cuidado, bien pautados, sin excesos y sin el sobretratamiento que lleva a que algunos rostros se hinchen y pierdan la expresión. En el quirófano los empleamos para dar el retoque final.

 

De estos rellenos, conocidos como fillers, nos inclinamos por los que autoregeneran, esto es, los que basan en las células madre. El PRP, el plasma rico en plaquetas se infiltra y ofrece muy buenos resultados, por ejemplo encima del labio superior, donde las arrugas son muy pronunciadas. También, claro, y para la cara, ofrece muy buenos resultados el injerto graso, que es la infiltración de grasa propia del paciente, retirada de otras zonas del cuerpo donde se ha depositado en exceso.

 

De esta manera, no sólo se embellece, sino que, a la vez, se rejuvenece y, lo que es más importante, se conserva la identidad del rostro al máximo, huyendo de esas caras que nos parecen iguales. Y si no se nota, mejor. No se trata de que los demás se percaten de que alguien se ha puesto en manos de un profesional de la estética, sino de que digan: “que bien está envejeciendo”. Y, más aún, se trata de que ellas, más allá de como las vean los demás, se miren felices y satisfechas al espejo. Feliz cincuentena, amigas.